No lo sé, ya perdí la cuenta... Ha pasado tanto tiempo, mi Dos sabe tanto como lo sé yo.
Te admiraba tanto, no entiendo porqué te hemos perdido.
¿Pero sabes? En la oscuridad sedante de mi corazón, vacío ahora por tu ausencia, te escribo
esta noche, tratando de hacer inventarios con las sombras de tus recuerdos, contando las horas
grises del tiempo desde que no estás, y se acumulan los detalles que ahora tengo guardados en
mi corazón para ti, aunque sé que nunca volverás.
No importa que ni lo sepas ya, lo sé yo y eso me basta... ¡Te sigo queriendo!, me el tiempo sin ti, el espacio que te separó de este mundo, me duele tu ausencia, me duelen las huellas de tus pasos de baile, me duele cuando te veo en tus fotografías, en tus videos... ¡Me duele porque ya no estás! ¡No digas nada! Estoy loca, ya lo sé, pero mi dolor es mío, a nadie más le duele, ni mi dolor, ni mis sentimientos que llevo muy hondos guardados en el fondo de mi corazón definitivamente para ti, donde nadie los pueda ver, ni tocar ni descubrir... ¡Jamás!
Mañana será otro día Mike, y quizá seguiré extrañándote y admirándote más que nunca, pero no te preocupes todo está y estará bien, las lágrimas me confortan, me alivian y me lavan el alma, me dan fuerzas para seguir escuchando tu música en este silencio que a veces es tan tierno, dulce, sereno, tranquilo y en paz, tal y como eras.
Sólo le pido a Dios con todo mi corazón, que aunque no te volvamos a ver, ojalá que aquí en mi alma solitaria... ¡No me falte tu recuerdo, nunca! Lo voy a conservar intacto, limpio, grande y puro como el mejor de los regalos, al desearte una vez más, estés donde estés, que no te vayas de cada corazón de todos los que te amamos.
Para terminar, solo quiero decirte que te quiero en el tiempo, la distancia... Y para toda la eternidad.

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