domingo, 19 de diciembre de 2010

No recuerdo la última vez que sonreí, fue un instante mágico, que condensaste con tu mirada,
fue la dulzura de cada palabra mencionada, la tristeza de cada caricia olvidada, la soledad acompañada.

Conozco el aroma que dejan tus sueños, el mismo aroma que deja la esperanza.

Recordarte es el trabajo más eficiente que me da la razón, encontré debajo de tu piel, el sentido de esa rutina
que algunos llaman "vivir".
Como negar lo que niega la razón, si cuando lo niega lo acepta el corazón.
Me encuentro con un botón que me deja con la duda, y otro que me grita la realidad, que no es real en este
mundo de ficción.

El valor del corazón de vestirse de insensato, de fingir ser sutil solo por un rato, tratando de buscar tu mirada, que despierta en mi una sonrisa inocente, tan culpable como yo, por amarte ciegamente, sin cegar a la razón.

Mírame sin hablar, sin preguntar, la última lágrima que llega hasta el alma de aquel que ama con locura, y nunca dejará de hacerlo...

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